La huella tangible del atún de almadraba

Detalles

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El atún rojo se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en uno de los productos más demandados por los consumidores. En torno a los túnidos existe hoy en día una auténtica cultura gastronómica, con elaboraciones que parecen casi imposible y con sabores cada vez más inesperados y exquisitos. 

A pesar de lo que pudiera parecer, la costa gaditana mantiene desde hace décadas una intensa y estrecha relación con la captura del atún. Y de ello ha quedado constancia en varias construcciones que se reparten a lo largo del litoral gaditano. Una forma de vida que, de forma diferente, vuelve a estar en candelero. 

En este artículo te descubrimos y describimos algunos de esos vestigios que han construido una historia que siglos, milenios después, continúa escribiéndose.

 

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CUEVA DE LAS ORCAS

Localizada en la sierra del Cabo de la Plata (Zahara de los Atunes) y asomada a un mar Atlántico a punto de fundirse con el cálido Mediterráneo, su forma, pinturas rupestres y vistas nos descubren el origen de esta mágica historia.

En sus paredes, a modo de legado, sus pinturas rupestres nos narran cómo aquellos pescadores del neolítico iban señalando el paso de las estaciones hasta alcanzar el esperado equinoccio de primavera. Era en ese momento y en ese lugar cuando las grandes y temidas orcas (marcadas con el símbolo de los dioses del mar, el tridente) obligaban a los agotados bancos de atún a, presas del pánico, buscar una peligrosa, casi suicida, huida por aguas menos profundas; momento que era aprovechado por el hombre para darles caza. Un festín del que, obviamente, las orcas también eran protagonistas.

 

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LA CHANCA DE CONIL

Es sin lugar a dudas uno de los espacios con más encanto, historia y memoria  ‘atunera’ de cuantos salpican y conforman la bella localidad de Conil y el litoral gaditano. Un pueblo ‘condenado’ a entenderse con la mar y que tiene en su pasado y presente almadrabero una de sus grandes señas de identidad. 

Un arte milenario que se interpreta tras los muros de su Chanca, recinto situado frente a la paradisiaca playa de Los Bateles, en el que antaño se despiezaban y salaban los gigantes de plata. Esos que estos días recorren las últimas millas en el Atlántico en busca de  las cálidas aguas del Mediterráneo para desovar.

Este recinto, que cuenta con más de 500 años de historia, sufrió las terribles consecuencias del fatal maremoto de Lisboa (1755), siendo recuperado gracias a una acertada actuación que lo ha convertido en un lugar para, entre otras cosas, la interpretación de la almadraba y del atún. En él está previsto construir el Museo de las almadrabas. 

 

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POBLADO DE SANCTI PETRI 

Junto a las aguas, aún activas, de La Janda, pocos espacios evocan tantos sentimientos e historias para quienes, ya sea desde el mar o en tierra firme, sienten muy dentro lo que ha significado y significa esa ancestral arte de pesca llamada almadraba. Esta pequeña lengua de tierra, localizada en uno de los principales enclaves míticos e históricos del litoral gaditano y de nombre Sancti Petri, fue escenario de una de las páginas más gloriosas de esta arte, aquella que tuvo como protagonista destacado al Consistorio Nacional Almadrabero.

A lo largo de casi medio siglo, manos gaditanas, onubenses y de otros puntos de la Península Ibérica arrancaron a la mar toneladas de atunes. Una agitada y floreciente actividad que tuvo su fiel reflejo en tierra, en el poblado, con una frenética actividad conservera que benefició a cientos de familias durante largas épocas. Fue en 1973 cuando, además de la carne de sus atunes, los números de la contabilidad del Consorcio se tornaron rojos, provocando el cese de la actividad y el abandono paulatino del poblado, de sus casas, instalaciones, escuela, chanca, etc. Desde entonces, el bullicio dio paso al silencio, el progreso al abandono y la actividad a la ruina. Todo ello entre el lamento generalizado de los chiclaneros, emocionalmente muy vinculados a la península.

 

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TORRE DE GUZMÁN 

La Torre de Guzmán es la primera edificación que, ligada a la historia del atún rojo, se levantó frente a la extensa y paradisiaca franja litoral conileña. Construida entre 1300 y 1307 por Don Alonso Pérez de Guzmán, al que Fernando IV otorgó la almadraba de Huedi Coní, se convirtió en referencia para la defensa de una localidad que disfrutaba de un floreciente sector almadrabero. Su importancia fue tal que, incluso,le dio nombre a la localidad hasta el siglo XVI y, hasta el XVII, como Conil-Torre de Guzmán.

Emblema de una fortificación que, poco a poco, fue amurallándose, fue parte de la residencia nobiliaria de los duques durante la temporada de pesca del atún y principal elemento de vigilancia y custodia de un potente sector almadrabero -el más destacado de Europa junto a Zahara de los Atunes- que se localizaba a su pies, la Chanca. 

Con 18 metros de altura y levantada a base de piedra ostionera y argamasa, la Torre de Guzmán ha sido y es una de las edificaciones más destacadas del litoral gaditano, en particular de cuantas se localizan en la comarca de La Janda.

 

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CASTILLO DE ZAHARA 

Hablar de almadrabas y de atún es hacerlo de Zahara de los Atunes, pequeño poblado marinero de origen fenicio que se desarrolló a lo largo del siglo XVI en torno a La Chanca, centro de la industria en torno al atún rojo que se capturaba en las ‘redes’ de Cabo de Plata.

En esta población se edificó el Palacio de Pilas, declarado Monumento Nacional en 1949 y Bien de Interés Cultural en 1985, en el que residían los Duques de Medina Sidonia en la época de la almadraba.

Sus murallas fueron el sostén para las nuevas viviendas en las que, a partir del siglo XVI, comenzaron a residir comerciantes, militares y almadraberos, dando vida a un pueblo que siempre ha mirado al mar, a su almadraba y a sus atunes como fuente de progreso y riqueza.

Una edificación que aún espera su momento para su puesta en valor.

 

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BAELO CLAUDIA

Alumbrada en época romana en la ensenada de Bolonia, Baelo Claudia, a la que  el emperador romano Claudio le concedió el rango de municipium (municipio romano), es uno de los grandes referentes de la relación milenaria entre el atún rojo y las costas gaditanas. Uno de los principales vestigios de la floreciente  industria del salazón.

Enclave en el que aún hoy se adivinan los restos de las piletas o saladeros en los que se  maceraba el pescado en sal, Baelo Claudia se levantó en torno a la industria del atún rojo.

 En su factoría, los atunes eran sometidos a un largo proceso que comenzaba con la retirada de las aletas, la cabeza, las tripas y huevas, así como la sangre. Seguidamente, eran cortados y lacerados para que la sal penetrase bien y se apilaban en grandes depósitos o piletas, excavadas a ras de tierra, para ser salados.

Sin lugar a dudas, uno de los lugares más mágicos ligados a la cultura del atún rojo.

 

 

 

   
   
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